Dead Can Dance

Publicado por Arturo Tapia el 20 diciembre, 2012

Dead Can Dance

No soy un asiduo asistente a recitales, tal vez porque tengo otras prioridades o tal vez me embarga un miedo a la derrota, a decepcionarme de la música que he escuchado por años. Me ha pasado e inconscientemente saboteo mis ganas de ir a un nuevo concierto. Estuve a punto de no presenciar a Dead Can Dance cuando apareció la oportunidad de cubrirlo.

Fue de esta manera que me uní a los convocados a la ceremonia: pendejos estilosos con atuendos góticos de hace 30 años, viejos pelados y guatones con sus atuendos góticos de hace 30 años, hijos con padres fanáticos de la niña que canta el tema de “Gladiador”, chicas y chicos neo-jipis en su vestuario listo para el temazcal, más la fauna hipster habitual. Cada uno con sus preocupaciones a cuestas, envenenados tras un día martes de oficina, indigestos por un día rutinario de mierda, aturdidos por el lento tránsito hacia el recinto, pelean, discuten, se alienan con sus dispositivos móviles mientras un virtuoso del Hang o Handpan y percusionista de DCD, David Kuckhermann, abre los fuegos.

Finalmente, Dead Can Dance hace su aparición en escena, el público habituado al formato concierto de rock, lo recibe con una ovación, aún enardecido, aúlla aún cuando la obertura que da quiebre a 16 años de ostracismo, Children of the Sun ha dado inicio con su sonido de cuerdas, sintetizadores, percusiones, bronces ancestrales y la voz profunda de Brendan Perry.

El respetable se apacigua lentamente, aún hay gritos para Lisa Gerrard cuando empieza a entonar suavemente en Anabasis el segundo corte de Anastasis y del set list que presenciamos.

Le sigue Rakim y Sanvean, dos clásicos del repertorio del grupo y la emoción terminó por embargarme.

De pendejo y ñoño me gustaban las enciclopedias, sobre todo los capítulos que se referían a la antigüedad clásica, a esas civilizaciones perdidas en el tiempo, sepultadas en lava, hundidas en el Egeo, de las que ignoramos gran parte o todo lo importante.
Entrecierro mis ojos y escuchar a Lisa Gerrard me remite a eso, a extensos pasajes de un libro con hojas amarillentas y olor a humedad. Espacio Riesco debe ser de los peores escenarios para ver y escuchar a cualquier banda, pero de alguna manera su arquitectura contribuía a acentuar la divagación, la de estar dentro de un panteón helénico, presenciando la mise en scène de una poderosa sacerdotisa invocando deidades olvidadas por los tiempos.

Continuaron cayendo tracks de su nuevo álbum tocado in extenso, Kiko y Agape, podría perfectamente haberlas utilizado Massive Attack para la base de un nuevo hit. A ratos, incluso las chicas a mi lado gritaban por bailar. Pero esto es solo una ilusión, un respiro de la ceremonia, las cuerdas y la voz de Gerrard y Perry nos recuerdan que estamos en un culto a algo superior.

La intensidad del repertorio no decae y por momentos fluye a raudales como cuando suenan Nierika, Opium o The Host of Seraphin. DCD les da en el gusto a los nuevos fans con Now We are Free para seguir con el primer bis de 2 canciones gigantes, The Ubiquitous Mr. Lovergrove y Dreams Made Flesh de su pasada por This Mortal Coil. Se produce uno de los momentos epifánicos de la noche, la voz de Lisa nos atraviesa y purifica haciéndonos parte de su propia religión.

Segundo bis y el cover de Tim Buckley, Song to the Siren en la voz de Perry son el remate para un evento musical sin bajos. La banda finalmente cierra con otro de los cortes épicos de su nuevo disco, Return of the She-King, con sus aires medievales y célticos. DCD se despiden nuevamente, Lisa recibe varios ramos de flores, se encienden algunas luces y la asistencia, cansada tal vez de una noche de tanta emoción, comienza a dejar el lugar, pero la noche aguardaba una última gema: Gerrard regresa junto al tecladista Jules Maxwell para despedirnos con la delicada Rising to the Moon. Su voz suavemente va silenciando y apaciguando los ánimos, para finalmente, y ante una audiencia en silencio absoluto, susurrar: “I Love You”, dejándonos atónitos, eufóricos, devotos y consagrados a su mensaje.

Dead Can Dance es todo lo que uno hubiera esperado, después de, en mi caso, más de 20 años de devota paciencia, su sonido en vivo es tan perfecto como en sus grabaciones: a pesar del recinto, a pesar del público con exceso de entusiasmo, a pesar del calor, hizo vibrar cada molécula de mi cabeza y la emoción empieza a calar los huesos. No tengo lágrimas, pero un anillo de congoja atraviesa mi cuello.

A proposito del Red Bull Stratos

Publicado por Arturo Tapia el 9 octubre, 2012

A propósito de la misión Stratos de Red Bull, proyecto de la NASA que parece más una súper producción de Hollywood con placement incluido (Red Bull), recordé las primeras misiones tripuladas que orbitaron la tierra, llevadas a cabo por cosmonautas Rusos en los años 60. Para el programa Vostok los cosmonautas eran eyectados fuera de la nave una vez re ingresaban a la atmosfera, los que finalmente regresaban a tierra sujetos a un paracaídas.

Yuri Gagarin

Infografía vía RiaNovosti

Electroacústica de clase mundial en Valparaíso, Santiago y Valdivia

Publicado por Arturo Tapia el 8 octubre, 2012

Comunicado de Prensa, Festival AIMAAKO 2012:

“La presencia estelar de Gabriel Brncic, dieciséis conciertos gratuitos en tres ciudades, invitados de primer nivel, estrenos absolutos, charlas y talleres y un sistema de sonido único en Chile. La duodécima edición del festival Ai-Maako se consolida como el encuentro de música electroacústica más importante de Latinoamérica.

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Guepar-dot

Publicado por Arturo Tapia el 24 julio, 2012

Para los nostálgicos de la antigua portada de estudioPopular, adjunto una pequeña animación de la versión 1.0 del sitio. Es un experimento hecho a partir de un loop de video de un guepardo en acción.

El ejercicio consistió en lo siguiente: Traspasé el video a una secuencia de imágenes jpg las que limpié y traspasé a monocromo. A continuación les apliqué el filtro de Photoshop Color Halftone, el que transforma la imagen a una matriz de puntos de cuatricromía. Luego importé la secuencia en un flash y Voilâ!

Mogwai

Publicado por Arturo Tapia el 20 mayo, 2012

*originalmente publicado en Zancada.com

Hace algunos años, por temas de trabajo acostumbraba atravesar Santiago varias veces al día. Eran más de 30 kilómetros diarios de pedaleo conectado a mi iPod. Cada vez que sonaba Mogwai, me sentía teletransportado a un lugar paralelo. Las grises calles del casco antiguo de Santiago, se transformaban en los también grises paisajes invernales del norte de Bretaña en mi mente. El frío y seco clima metropolitano mutaba a los vientos gélidos y húmedos del hemisferio norte. Así de evocador es el sonido Mogwai, y no me extrañó que las únicas visuales que se proyectaron en su reciente paso por nuestro país fueran tan parecidas a mis divagaciones arriba de una bicicleta.

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